Siempre hemos sido piratas / We’ve always been pirates

//Siempre hemos sido piratas / We’ve always been pirates

Una pregunta que me surge, tras ver Cultura radical es: ¿qué pasaría si las dinámicas que ponen en juego Martha, Guillermo, Mario y Miguel Ángel fueran lo normal? ¿Qué mundo resultaría de un mundo en que sus actividades no acarreasen el espectro de la ilegalidad hasta tal punto que hacen ineludible el tema incluso en un documental que desea proyectar una visión positiva sobre ellas? No sabemos qué pasaría, pero sí qué pasó.

En la Edad Media, la copia y distribución libre de información y conocimiento era la norma. Cinco siglos de cultura impresa han naturalizado la reificación de unas tareas que involucraban un tipo particular de relaciones humanas y una concepción distinta de lo que llamamos cultura. Pero el gesto apropiador de la imprenta no hubiera sido posible, al menos como se produjo, sin la formación previa de unos comunes de la información y el conocimiento basados en los principios de apertura, libertad y propiedad común; es decir, la piratería fue hecha ilegal por la cultura impresa tras apropiarse de lo que era común. Más específicamente, los piratas pueden identificarse con los copistas y traductores que entraron en conflicto con las autoridades cuando, a mediados del siglo XVI, se hicieron cada vez más esfuerzos por controlar, limitar o prohibir la libre difusión y distribución de ciertos textos, a pesar de que su circulación sin restricciones había sido hasta entonces una parte integral de la cultura intelectual.

Es indicativo de la dificultad de imaginar un mundo donde los principios de Cultura radical sean la norma la preocupación espiritual de uno de sus protagonistas, Mario, que cree contrariar a la divinidad al hacer algo que, en otros países, es ilegal. Uno pensaría lo contrario, que Dios aprobaría la distribución libre de contenido cultural y condenaría a aquellos que deseasen sacar beneficio de su serialización, patentado y venta. Al menos, la prohibición cristiana del robo se emitió en un momento en que la copia y distribución de conocimiento no constituían pecado ni delito porque el conocimiento, como el lenguaje, se concebía como un bien común.

Así que, ¿qué pasaría si la cultura digital recuperase, como prometía en sus inicios, los comunes del conocimiento anteriores al siglo XVI? No lo sabemos, pero sí podemos imaginar un mundo en el que eso sucede a partir del pasado que conocemos y de herramientas tan extrañas como internet, que habiendo sido hecho accesible a la ciudadanía civil en pleno apogeo neoliberal es, jurídicamente, común, abierto y libre. O lo que es lo mismo, la casa natural para Cultura radical.

 

 

///// ENGLISH

 

After watching Cultura radical, one question that arises is: what would happen if the dynamics that Martha, Guillermo, Mario and Miguel Ángel put into play were normal? What world would result from a world in which their activities did not bring the spectrum of illegality to such an extent that the subject is ineludible even in a documentary that projects a positive vision about them? We do not know what would happen, but we know what happened.

In the Middle Ages, the free copy and distribution of information was the norm. Five centuries of printed culture have naturalized the reification of tasks that involved a particular type of human relationships and a different conception of what we call culture. However, the appropriation’s gesture of the printing press would not have been possible, at least in the form it took, without the prior formation of a commons of information and knowledge based on the principles of openness, freedom and commonness; that is, piracy was made illegal by print culture after appropriating what was previously common. More specifically, pirates can identify with copyists and translators who came into conflict with the authorities when, in the mid-sixteenth century, more and more efforts were made to control, limit or prohibit the free dissemination and distribution of certain texts, despite that their unrestricted circulation had until then been an integral part of intellectual culture.

The spiritual preoccupation of one of the film protagonists, Mario, who believes to be offending God by doing something illegal in other countries, is indicative of the difficulty of imagining a world where the principles of Cultura Radical are the norm. One would think otherwise, that God would approve the free distribution of cultural content and condemn those who wish to take advantage of its serialization, patent and sale. At least, the Christian prohibition of theft was issued at a time when the copying and distribution of knowledge did not constitute a sin or a crime because knowledge, like language, was conceived as a common good.

So, what would happen if the digital culture recovered, as it was its initial promise, the normative commons of knowledge prior to the sixteenth century? We do not know, but we can imagine a world in which that happens from the past we know and tools as strange as the Internet, which having been made accessible to civil citizenship in full neoliberal heyday is legally common, open and free. That is, the natural home of Cultura radical.

 

Sobre el/la autor/a

Juan Escourido

Juan Escourido es profesor de Estudios Hispánicos en la Universidad de Carolina del Este. De su interés en la comparación entre medios textuales surgió un ensayo titulado “Común medieval-común digital” sobre el principio de lo inapropiable en modelos de creación, copia y distribución alternativos a los de la cultura impresa. Puede encontrarse en Investigación Social punto Net.
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Juan Escourido is a professor of Hispanic Studies at the University of East Carolina. From his interest in the comparison between textual media arose an essay titled "Común medieval-común digital" on the principle of the inappropriable in models of creation, copy and distribution alternative to those of printed culture. It can be found in Investigación Social punto Net.

2017-11-24T17:08:19+00:00 24 noviembre 2017|Comunicación|0 Comentarios

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