Cultura radical y el acceso al cine como condición de felicidad

//Cultura radical y el acceso al cine como condición de felicidad

Los hermanos Lumière y la invención del cinématographe crearon la más grande ilusión del siglo XX hasta nuestro días: el cine. Éste se constituyó en un derecho que todos tenemos para poder soñar, pero también, la  máquina de los sueños se convirtió en una máquina de dinero que ha estado bajo el monopolio de la industria, la cual ha controlado su acceso y distribución. Ante esto, se han creado alternativas: trabajadores de la cultura que buscan reponer este derecho vedado de forma radical, de allí el documental Cultura radical, desarrollado por Nodo Común y Red-acción, como una apuesta por la visibilización de actores de la cultura que permiten que haya una circulación del cine.

El foco del documental Cultura radical no ilumina a las grandes estrellas, ni a los pabellones con fondos que compañías y productoras hacen de sus lanzamientos de verano o de fin de año en estrenos rimbombantes. Unas estanterías hechas con madera albergan, junto a los clásicos del cine de Luís Buñuel o de Luis Berlanga, miles de películas que jamás serían vistas si no existieran estos locales en la ciudad de Cochabamba (Bolivia) pero que comprenden una realidad latinoamericana, como lo ocurre en ciudades como en  Medellín, La Paz o cualquier otro lugar.

En este caso, en Cochabamba, Miguel Ángel Salazar inicia el documental citando las palabras de uno de sus clientes “Jamás hubiéramos visto esas películas, sino fuera porque existen”. Este es uno de los cuatro entrevistados, que no sólo son vendedores sino coleccionistas, cinéfilos y, en consecuencia, hacedores de la cultura. Su existencia es el fin de este proyecto que, a cuatro voces, hila un relato de la llamada “piratería” o la venta informal de películas.

¿Existe cine bueno o malo? ¿independiente o dependiente? algunas de estas preguntas son resueltas, con una respuesta sencilla: lo que hace feliz a la gente. Sin embargo, parece que esa felicidad no ha sido de acceso para todos, como pasa con los libros y los demás bienes de consumo cultural, que nos han hecho creer que por ser de calidad debemos pagar grandes sumas de dinero o deben estar restringidos. En este sentido, la apertura o el acceso al cine garantiza una razón de felicidad en la  “gente” que en el documental se nombra como: el consumidor o el que compra, pero que también, está nominado por sus oficios como el “polilla y cuidador  de autos” que buscaba la película, Le Professionnel (1981) o los estudiantes y profesores de artes, inclusive las familias: la madre, los hijos o los padres.

Dentro de las narrativas que componen este trabajo hay formas en que los entrevistados asumen la recepción que los espectadores hacen del cine. Salen algunas metáforas como “digerir el cine” o “el cine como viaje” que, en palabras Guillermo Morejón, es la  posibilidad de soñar y de ir a otros lugares que resultan imposibles en lo físico, pero que se materializan en la pantalla. Además, de un acceso que está mediado por las horas, el trabajo, la familia y los espacios: Vemos cine cuando queremos, donde queremos y como podemos.

También se deja entrever la idea snob que considera la imposibilidad de conocer directores de otras latitudes por las distancias físicas de circulación y por un aspecto, a modo de imagen, que es presentado como la dificultad de “digerir” ciertas películas. Sin embargo, se puede observar en este audiovisual que estos trabajadores de la cultura favorecen esa posibilidad del cine como un bocado con una gama amplia de opciones como gustos, sabores y humores.

Finalmente, el documental Cultura radical demuestra las formas de legitimación y reconocimiento, partiendo de la condición de felicidad del consumidor-cinéfilo-hijo, hija y obrero. También  deja entrever cómo las instituciones han reconocido la labor que hacen estos trabajadores de la cultura por difundir el cine, sea legal o ilegal, con o sin prejuicios espirituales, pero que desempeñan una sustancial función social: favorecer la ilusión del cine para todos y, por ende, dar un motivo de felicidad.

 

Sobre el/la autor/a

2017-11-26T12:50:52+00:0024 noviembre 2017|Comunicación|0 Comentarios

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