Copia, cobra y difunde

//Copia, cobra y difunde

Cultura radical es un registro práctico, un ejercicio que nos presenta el testimonio de cuatro comerciantes ligados a un quehacer altamente cuestionado en las sociedades modernas: la piratería. Cuatro historias mínimas en las que, gracias a las opiniones, preferencias y contradicciones de sus protagonistas, podemos especular sobre el caso omiso que se hace de la propiedad intelectual en Bolivia; país en donde la compra y venta de estrenos y rarezas del celuloide es un asunto que regula sus propias normas.

Cuatro cinéfilos que nos invitan a pensar en las ventajas que obtiene quien especializa y perfecciona su afición y su producto. Que nos incitan a pensar en los vínculos existentes entre esta práctica y las producciones bolivianas —paradójicamente no disponibles en este tipo de mercado—. Y en sobre cómo las descargas directas o los servicios streaming, de pago o gratuitos, afectan o no las arcas de este negocio.

Curiosidades todas desplazadas al tópico del acceso cultural, al de la incidencia que directa o indirectamente ejercen estos individuos mediante sus operaciones comerciales. Y a sobre cómo su interés por ofrecer alternativas a los consumidores pareciera invalidar, o al menos poner en tela de juicio, el velo condenatorio que sobre ellos recae. Particular contexto que viene a contaminar los alegatos a favor de las licencias libres. Un sano contagio que se propaga por sobre la asepsia discursiva, instalando interrogantes que tropiezan con las ordenanzas y sus patrones restrictivos. Esa cívica intención por reglar y blanquear el mundo. 

Cultura radical es, entonces, el resultado de un trabajo que, sin mayores pretensiones, nos ofrece un momento del otro lado del mostrador. Una aproximación a cuatro entrevistados poco usuales que nos dan luces sobre sus intenciones por destacar en el rubro del pirateo cinematográfico. Y, al mismo tiempo, nos otorga la posibilidad de enfrentarnos en debate con nosotros mismos y hasta con un otro, sobre los pro y los contra, tanto de la excesiva regulación de nuestro tiempo como del manido eslogan de la «cultura para todos».

 

Sobre el/la autor/a

2017-11-24T16:30:41+00:0024 noviembre 2017|Comunicación|0 Comentarios

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