Se ha convertido en algo más común de lo que podríamos esperar que el ejercicio comunicativo se entienda como el uso de una serie de herramientas privativas y preestablecidas para difundir un mensaje.

Cooperativas, colectivos sociales, organizaciones… toda índole de agrupamientos que de inicio tienen una mentalidad más crítica que la que encontramos en la empresa privada, no se encuentran aún en un posicionamiento mucho más crítico respecto a sus formas de hacer y crear comunicación. Por tanto se nos presenta lo establecido como una suerte de leyes  predeterminadas escritas a un hierro tan fuerte que pareciesen haber sido recogidas del Monte Sinaí. Leyes como por ejemplo que todo proyecto, proceso u organización contarán con una cuenta en Facebook, un instagram para llegar a los jóvenes, un sistema de chat para poder responder 24/7, y un largo y agobiante etcétera.

Se ha establecido como mantra que necesitamos de determinadas plataformas para poder comunicarnos, cuando más bien estamos hablando de la difusión de nuestros mensajes. Crear gifs, responder al segundo, conocer la última tendencia en tipografías… no son más que pequeños destellos de conocimiento que nos pueden ayudar aquí y allá, a pulir y dar forma a nuestra idea, pero lamentablemente, no comunican por sí solos.

Algunos autores como Umberto Eco o Byung-Chul Han plantean una mirada al espectro internauta que muestra una parte de  lo que podemos entender como realidad de la web. Las críticas sobre la forma en que socialmente nos agrupamos, sentimos y comunicamos a través de la gran malla forman parte de la observación de una forma de hacer, no de la totalidad de lo que ocurre. En Internet, como en la vida, existen espacios llenos de riqueza en las fisuras que dejan las grandes plataformas. Aquellos en los que se comparte libremente cualquier tipo de conocimiento, se habla lento y se responde a los chats aún más lentamente; se confía en lo que hace el otro y se permite ver el código, modificarlo y mejorarlo.

Comunicar desde las fisuras de lo establecido implica que aún podemos crear sin la necesidad de sentirnos aturdidos por la generación de hype, flow o lo que sea que se ha puesto de moda como palabra. Entender que al final del día lo que estamos buscando es crear conversaciones, o simplemente mantenerlas, permitir que personas que siempre estuvieron ahí puedan seguir estándolo: hablando, escribiendo, comentando, creando.

Las organizaciones sociales necesitan salirse del tour turístico con pulsera all-included del complejo hotelero de las grandes corporaciones sociales. Hay un mundo tremendo alrededor que permite que de una vez por todas podamos darle a la palabra comunidad el sentido que se merece.

O al menos intentarlo. Que a eso vinimos: a jugar siempre.

Sobre el/la autor/a

Comunicador en | Web

Especializado en procesos y metodologías de código abierto enfocadas a la generación de procesos sociales participativos. Con un enfoque hacia la cultura libre y la ética hacker, le puedes encontrar en parques y plazas intentando seducir sobre la importancia de una ecología de nuestra vida digital y la generación de redes de confianza y colaboración.